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Más allá del deporte: infraestructuras preparadas para actuar ante una emergencia

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Por:  Redacción Instalaciones Deportivas Hoy.

Cada verano, los incendios forestales vuelven a poner a prueba la capacidad de respuesta de los municipios. A la intervención directa de los servicios de extinción se suma una compleja operación logística que implica desalojos, atención a la población afectada, acogida temporal, coordinación de efectivos y mantenimiento de servicios básicos. En este escenario, los polideportivos municipales pueden convertirse en una infraestructura estratégica.

Diseñados para concentrar a un elevado número de personas y dotados, en mayor o menor medida, de espacios amplios, vestuarios, aseos, accesos para vehículos y conexiones a las redes de agua y electricidad, los equipamientos deportivos reúnen características que permiten su adaptación temporal como centros de acogida o apoyo operativo durante una emergencia. La cuestión es hasta qué punto estas instalaciones están preparadas para asumir una función para la que, inicialmente, no fueron concebidas.

 

Una infraestructura disponible en el corazón de los municipios

Una de las principales ventajas de los polideportivos municipales es su distribución territorial. Frente a otras grandes infraestructuras, estos equipamientos están presentes tanto en ciudades como en localidades pequeñas y medianas, incluidas zonas próximas a áreas forestales o a territorios con elevado riesgo de incendio.

Su localización permite que, en caso de evacuación, puedan funcionar como primer punto de recepción de la población. Pistas deportivas, pabellones cubiertos, salas polivalentes o gimnasios pueden transformarse rápidamente en espacios de estancia temporal, mientras que los vestuarios y aseos aportan unas condiciones básicas para atender a personas desplazadas.

Además, muchos complejos deportivos cuentan con zonas exteriores, aparcamientos y accesos que pueden facilitar la llegada de autobuses, vehículos de emergencia o unidades de apoyo.

Pero disponer de espacio no es suficiente. La capacidad real de un polideportivo para responder a una emergencia depende de aspectos mucho más técnicos: abastecimiento de agua, potencia eléctrica disponible, ventilación, accesibilidad, comunicaciones, protección contra incendios y capacidad para mantener operativos los servicios durante varias horas o incluso varios días.

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Foto: Ayuntamiento de Leganés.

Agua, electricidad y saneamiento: los tres pilares de la respuesta

La transformación temporal de una instalación deportiva en centro de acogida supone un cambio radical en su patrón habitual de uso.

Un pabellón que normalmente concentra actividad durante unas determinadas franjas horarias puede pasar, de forma repentina, a albergar a cientos de personas de manera continuada. Esto incrementa de forma inmediata la demanda de agua potable, el uso de aseos y duchas y la generación de aguas residuales.

Por ello, uno de los primeros elementos que deberían analizar los gestores municipales es la capacidad de las instalaciones interiores de abastecimiento y saneamiento. Entre las cuestiones que conviene evaluar destacan:

  • La capacidad de suministro de agua y la presión disponible.
  • El número de aseos y duchas que podrían mantenerse operativos.
  • La posibilidad de sectorizar determinadas zonas del edificio.
  • El estado de las redes de evacuación y saneamiento.
  • La disponibilidad de puntos de agua adicionales.
  • La capacidad para garantizar agua potable a una población concentrada durante un periodo prolongado.

En una situación de emergencia, también puede ser necesario habilitar zonas para la distribución de alimentos, limpieza o atención sanitaria básica. Todo ello incrementa las necesidades hidráulicas y obliga a disponer de instalaciones correctamente mantenidas.

La electricidad constituye el segundo gran pilar. Iluminación continua, sistemas de comunicación, climatización o ventilación, equipos informáticos, puntos de recarga y, en algunos casos, equipamiento sanitario pueden aumentar significativamente el consumo eléctrico.

Por este motivo, la existencia de sistemas de alimentación de emergencia puede marcar la diferencia entre una instalación simplemente disponible y una infraestructura realmente resiliente.

 

El reto de la climatización en plena ola de calor

Los incendios forestales del verano suelen producirse, además, durante episodios de temperaturas extremas. Esto añade una segunda emergencia a la primera: la necesidad de proteger a las personas evacuadas frente al calor.

En este contexto, los pabellones deportivos pueden actuar también como espacios de refugio climático, siempre que dispongan de unas condiciones ambientales adecuadas. Sin embargo, muchos polideportivos presentan importantes volúmenes interiores, cubiertas expuestas a la radiación solar y sistemas de climatización que no siempre están dimensionados para mantener una ocupación elevada durante las 24 horas del día.

La ventilación también adquiere una importancia especial. El humo generado por un incendio puede afectar a zonas alejadas del frente de las llamas, deteriorando la calidad del aire exterior. La gestión de las entradas de aire, la filtración y el control de la ventilación pueden convertirse así en elementos relevantes para mantener unas condiciones aceptables en el interior.

La adaptación de los polideportivos a esta doble función —equipamiento deportivo y refugio temporal— plantea, por tanto, una oportunidad para revisar aspectos como el aislamiento térmico, la eficiencia energética, la ventilación y la calidad del aire interior.

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Foto: Ayuntamiento de La Línea de la Concepción.

Espacios deportivos que se convierten en centros logísticos

La utilidad de un polideportivo durante un incendio no se limita necesariamente a la acogida de la población. Dependiendo de la situación y de la planificación municipal, estas instalaciones pueden servir como puntos de coordinación, espacios de descanso para equipos de apoyo, centros de distribución de material o áreas para la atención de personas evacuadas.

Esta versatilidad se debe, en parte, a su configuración arquitectónica. Las grandes superficies diáfanas permiten reorganizar rápidamente el espacio mediante separadores, camas temporales, zonas de atención o áreas de almacenamiento.
No obstante, esta transformación debe estar prevista. Improvisar la distribución de cientos de personas en un pabellón puede generar problemas de seguridad, accesibilidad y evacuación.

Por ello, los planes de autoprotección y emergencia de estas instalaciones deberían contemplar escenarios en los que el propio equipamiento deja de ser únicamente un lugar que debe evacuarse para convertirse en un recurso municipal de respuesta.

 

La importancia de una planificación previa

La verdadera capacidad de un polideportivo para responder a un incendio se determina mucho antes de que se produzca la emergencia. Los ayuntamientos y gestores de instalaciones deportivas pueden incorporar estos equipamientos a los planes municipales de emergencia mediante una evaluación previa de sus capacidades.

Un inventario técnico podría incluir información como:

  • Aforo máximo y superficie útil disponible.
  • Número y ubicación de aseos, duchas y vestuarios.
  • Capacidad de abastecimiento de agua.
  • Potencia eléctrica disponible.
  • Existencia de grupos electrógenos o sistemas de respaldo.
  • Sistemas de climatización y ventilación.
  • Accesibilidad para personas con movilidad reducida.
  • Entradas y salidas para vehículos de emergencia.
  • Zonas de aparcamiento y áreas exteriores.
  • Equipamiento de comunicaciones.
  • Sistemas de protección contra incendios.
  • Disponibilidad de almacenes o salas auxiliares.

Contar con esta información actualizada permitiría a los responsables municipales saber qué instalación resulta más adecuada para cada tipo de emergencia. No todos los polideportivos tienen que asumir la misma función. Uno puede estar mejor preparado para acoger población evacuada, mientras que otro puede disponer de mejores accesos y espacios exteriores para convertirse en centro logístico.

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Foto: Ayuntamiento de Alcobendas.

De la instalación deportiva a la infraestructura resiliente

La creciente frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos obliga a replantear el papel de determinadas infraestructuras públicas. Los polideportivos municipales ya desempeñan una función social que va mucho más allá de la práctica deportiva. Son espacios de encuentro, actividad física, educación y convivencia. Pero, en situaciones excepcionales, pueden convertirse también en nodos de resiliencia territorial.

Para ello, el diseño y la rehabilitación de estas instalaciones debería incorporar criterios que permitan aumentar su capacidad de respuesta. La eficiencia energética, por ejemplo, no solo reduce el consumo económico y ambiental. Un edificio mejor aislado y con sistemas de climatización eficientes puede mantener durante más tiempo unas condiciones interiores adecuadas en situaciones extremas.

Del mismo modo, la incorporación de generación renovable, almacenamiento energético o sistemas eléctricos de respaldo puede reforzar la autonomía del equipamiento ante incidencias en la red.

También las instalaciones de agua pueden diseñarse desde una perspectiva de mayor resiliencia, facilitando el mantenimiento de los servicios esenciales y asegurando la disponibilidad de recursos básicos cuando el edificio registra una ocupación excepcional.

 

Prepararse antes del próximo verano

La respuesta a los incendios forestales requiere medios especializados, coordinación y una compleja red de recursos. En esa red, las instalaciones deportivas municipales pueden ocupar un lugar más importante del que tradicionalmente se les ha asignado.

Su valor no reside únicamente en disponer de grandes espacios cubiertos. Un polideportivo puede convertirse en un recurso estratégico porque combina superficie, servicios, accesibilidad y presencia territorial. El reto consiste en pasar de una disponibilidad improvisada a una preparación planificada. Identificar qué instalaciones pueden actuar como centros de acogida, evaluar sus capacidades técnicas, actualizar los protocolos y formar al personal son algunas de las medidas que permitirían reforzar su papel ante futuras emergencias.

En un escenario marcado por veranos cada vez más exigentes, los polideportivos municipales pueden consolidarse como una pieza más de la infraestructura de protección civil: espacios concebidos para el deporte y la vida comunitaria, pero capaces también de responder cuando el municipio necesita refugio, servicios y capacidad de organización.

Porque ante un incendio, la resiliencia de un territorio no depende únicamente de los medios que actúan sobre el fuego. También depende de los lugares preparados para proteger a las personas cuando deben abandonar sus hogares.


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