Cuando un polideportivo se convierte en un centro de acogida: el reto de gestionar una instalación deportiva en situación de emergencia con Ceuta como caso de fondo
Por: Redacción Instalaciones Deportivas Hoy.
La crisis migratoria que está viviendo Ceuta durante el verano de 2026 ha abierto un debate que trasciende la política migratoria: hasta qué punto una instalación deportiva puede convertirse temporalmente en un espacio de acogida y qué condiciones serían necesarias para hacerlo con garantías.
Las instalaciones deportivas municipales están concebidas para cumplir una función muy concreta: facilitar la práctica deportiva, la actividad física, la competición, la educación y el ocio saludable de la población. Sin embargo, su propia configuración (grandes espacios diáfanos, vestuarios, aseos, duchas, almacenes, accesos independientes y, en muchos casos, sistemas de climatización) hace que pabellones y polideportivos puedan convertirse, en situaciones extraordinarias, en espacios susceptibles de acoger temporalmente a población desplazada.
Es una posibilidad contemplada internacionalmente. ACNUR incluye precisamente los gimnasios y pabellones deportivos entre los edificios que pueden utilizarse como centros colectivos de alojamiento durante emergencias, aunque establece una condición fundamental: deben considerarse soluciones temporales y requieren una adaptación previa para garantizar seguridad, privacidad, higiene y unas condiciones mínimas de habitabilidad. El caso de Ceuta ha puesto esta cuestión encima de la mesa con especial intensidad.
Ceuta: cuando la emergencia entra en el polideportivo
La llegada masiva de más de 70.000 inmigrantes a Ceuta los pasados días 30 y 31 de julio ha provocado una presión extraordinaria sobre los recursos de acogida de la ciudad. El Gobierno central planteó diferentes espacios para hacer frente a la situación, entre ellos varias instalaciones deportivas.
La propuesta generó una fuerte oposición en el ámbito local. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, rechazó que los polideportivos fueran utilizados con este propósito, mientras que organizaciones deportivas y representantes de trabajadores alertaron de las consecuencias que tendría para la actividad deportiva. La Real Federación de Fútbol de Ceuta señaló que las instalaciones afectadas resultan esenciales para más de 3.000 jugadores, muchos de ellos menores, y advirtió de que una utilización prolongada podría comprometer la actividad deportiva incluso hasta 2027. Y la Confederación de Federaciones Deportivas de Ceuta también argumentó que los pabellones no son espacios vacíos o disponibles sin más, sino infraestructuras que sostienen una parte importante de la actividad deportiva, familiar y laboral de la ciudad.
Cabe aclarar también que, en un principio, el Consejo de Ministros declaró la situación de interés para la seguridad nacional en Ceuta ante la crisis migratoria en la ciudad autónoma. Eso incluía el uso de instalaciones deportivas locales para acoger las personas inmigrantes. Entre los espacios propuestos por el Estado figuraban los polideportivos de Santa Amelia, La Libertad, Antonio Campoamor, Guillermo Molina y Díaz-Flor, además del parking de embolsamiento de Loma Colmenar, el Hospital Militar y la antigua fábrica de harinas, entre otros emplazamientos. Ante el rechazo del gobierno local, advirtiendo que ese uso aumentaría la tensión en las barriadas y dejaría a los vecinos sin espacios deportivos, finalmente el Gobierno central anunció que los polideportivos dejarían de figurar entre los espacios previstos para este fin.
La decisión resuelve, al menos de momento, el conflicto concreto. Pero deja una pregunta abierta para otras ciudades: ¿qué debería hacer un gestor deportivo si una emergencia obliga a convertir temporalmente su instalación en un espacio de acogida?
Un polideportivo no es un centro residencial
El primer aspecto que debe quedar claro es que transformar un pabellón deportivo en alojamiento colectivo no consiste simplemente en colocar camas o colchones sobre la pista. Una instalación deportiva ha sido diseñada para una ocupación temporal vinculada a la práctica deportiva. Un centro de acogida implica una utilización continuada, durante las 24 horas, con necesidades completamente diferentes.
Cambian, por tanto, los requerimientos de:
- Agua y saneamiento.
- Duchas y aseos,
- Climatización y ventilación.
- Producción de agua caliente sanitaria (ACS).
- Alimentación.
- Gestión de residuos.
- Limpieza y desinfección.
- Seguridad.
- Control de accesos.
- Atención sanitaria.
- Privacidad.
- Descanso.
- Atención social y psicológica.
- Protección de menores y personas vulnerables.
- Evacuación y protección contra incendios.
El propio Ministerio del Interior ofrece un ejemplo de cómo se está abordando actualmente la emergencia en Ceuta. El CATE provisional que se está habilitando en El Tarajal incorpora zonas administrativas, comedor, un espacio para familias y una nave habitacional de 1.179 m² con capacidad para 400 plazas, equipada con aseos y duchas de uso exclusivo. La diferencia es importante: no se trata de utilizar un espacio deportivo tal como está, sino de transformarlo temporalmente en una infraestructura de emergencia con unos servicios y una organización específicos.
La primera condición: definir cuánto tiempo
El tiempo es probablemente la variable más importante. ACNUR considera los centros colectivos una solución esencialmente temporal. Pueden permitir responder rápidamente a una llegada masiva de personas cuando no existen alternativas inmediatas, pero deben servir para ganar tiempo mientras se habilitan alojamientos más adecuados.
Para una instalación deportiva, esta cuestión resulta todavía más relevante. No es lo mismo utilizar un pabellón durante 48 o 72 horas que mantenerlo ocupado durante semanas o meses. En el primer caso puede plantearse como una operación de emergencia extraordinaria. En el segundo, se produce una transformación funcional de la instalación que afecta al calendario deportivo, contratos, trabajadores, mantenimiento, consumo energético, equipamiento y usuarios.
Por ello, cualquier plan debería establecer desde el principio: fecha de entrada + capacidad máxima + duración prevista + fecha límite de utilización + instalación alternativa de destino. Sin esta última variable, una solución concebida como temporal corre el riesgo de convertirse en permanente.

Polideportivo La Libertad. Fuente: Instituto Ceutí de Deportes.
Cómo debería gestionarse un polideportivo convertido en centro de acogida
Si finalmente no existe otra alternativa y una administración decide utilizar una instalación deportiva, el procedimiento debería asemejarse más a la puesta en marcha de un centro de emergencia que a la gestión ordinaria de un polideportivo.
1. Auditoría técnica previa
Antes de abrir las puertas sería necesario realizar una evaluación integral del edificio. La revisión debería incluir:
- Estructura y cerramientos.
- Instalaciones eléctricas.
- Climatización y ventilación.
- Abastecimiento de agua.
- Saneamiento.
- Producción de ACS.
- Protección contra incendios.
- Vías de evacuación.
- Accesibilidad.
- Iluminación.
- Limpieza.
- Comunicaciones.
- Capacidad de los aseos y duchas.
- Estado de cubiertas y pavimentos.
También habría que determinar la capacidad real de ocupación, que no necesariamente coincide con el aforo deportivo. Un pabellón puede albergar a cientos de espectadores durante unas horas y, sin embargo, no disponer de las condiciones necesarias para alojar a ese mismo número de personas durante varios días.
2. Sectorización del espacio
La pista central debería dividirse en zonas. No sería recomendable mantener un espacio completamente diáfano con cientos de personas durmiendo juntas. Sería necesario crear áreas diferenciadas mediante sistemas temporales y reversibles:
- Zona de descanso.
- Familias.
- Mujeres.
- Menores.
- Personas con necesidades específicas.
- Atención sanitaria.
- Comedor.
- Almacenamiento.
- Higiene.
- Atención social.
- Administración.
- Seguridad.
La privacidad adquiere aquí una importancia fundamental. ACNUR advierte específicamente de que los centros colectivos pueden presentar problemas de privacidad y riesgos de protección, especialmente para mujeres, niños, personas mayores y otros colectivos vulnerables.
3. Reforzar agua, saneamiento y duchas
Es uno de los aspectos más críticos y, desde la perspectiva de una revista especializada en instalaciones deportivas, uno de los más interesantes. La infraestructura hidráulica del pabellón debe dimensionarse para una ocupación excepcional.
El gestor debería comprobar:
Abastecimiento → acumulación → ACS → duchas → evacuación → saneamiento.
También sería necesario incrementar la frecuencia de limpieza y establecer protocolos específicos para aseos y duchas. La instalación debería disponer de puntos de agua suficientes, agua caliente sanitaria, sistemas de evacuación adecuados y capacidad para gestionar un volumen de aguas residuales muy superior al habitual.
4. Climatización y calidad del aire
Una pista deportiva puede estar climatizada para determinadas condiciones de actividad física, pero eso no significa que sus condiciones sean automáticamente adecuadas para alojamiento. Cuando las personas permanecen en el recinto durante todo el día y la noche aumenta considerablemente la carga interna. La ventilación debe revisarse para evitar:
- Acumulación de CO₂.
- Exceso de humedad.
- Condensaciones.
- Olores.
- Sobrecalentamiento.
- Problemas de calidad del aire.
Además, el verano añade una dificultad adicional: un pabellón lleno de personas durmiendo y permaneciendo durante horas en su interior puede convertirse en un espacio térmicamente muy exigente.
5. Protección contra incendios
Este debería ser uno de los puntos prioritarios. La configuración de un pabellón cambia completamente cuando se introducen cientos de camas, separadores, equipajes y otros elementos. Hay que mantener permanentemente libres las vías de evacuación y garantizar:
- Señalización.
- Alumbrado de emergencia.
- Sistemas de detección.
- Extinción.
- Accesibilidad para bomberos.
- Sectorización.
- Control de materiales combustibles.
- Plan de evacuación.
La colocación de módulos, cortinas o elementos separadores debe realizarse sin comprometer las condiciones de evacuación.
6. Seguridad y control de accesos
Una instalación deportiva convencional tiene entradas y salidas diseñadas para usuarios, deportistas y espectadores. Un centro de acogida necesita una organización completamente distinta. Deberían existir:
- Acceso controlado.
- Identificación.
- Zonas restringidas.
- Recepción.
- Circulación interna.
- Vigilancia.
- Protocolos ante incidentes.
- Coordinación con policía y servicios de emergencia.
Pero seguridad no debería equivaler a convertir el pabellón en un espacio de carácter penitenciario. El objetivo sería controlar el funcionamiento del centro preservando al mismo tiempo la dignidad y los derechos de las personas alojadas.
7. Un equipo profesional específico
Otro error sería trasladar esta responsabilidad directamente a la plantilla del polideportivo. El director de la instalación puede aportar un conocimiento fundamental del edificio, pero no debería convertirse automáticamente en responsable de un centro de acogida migratoria. La gestión debería contar con un equipo específico integrado, según las necesidades, por:
- Coordinador del centro.
- Personal sanitario.
- Trabajadores sociales.
- Psicólogos.
- Intérpretes.
- Personal de protección de menores.
- Seguridad.
- Limpieza.
- Mantenimiento.
- Alimentación.
- Personal administrativo.
El papel del responsable deportivo debería centrarse principalmente en garantizar la integridad y operatividad de la infraestructura y coordinarse con el dispositivo de emergencia. ACNUR recomienda precisamente que los centros colectivos dispongan de un responsable dedicado y de mecanismos claros de coordinación y rendición de cuentas.

Polideportivo Guillermo Molina. Fuente: Instituto Ceutí de Deportes.
Y después de la emergencia, ¿qué ocurre con el polideportivo?
Este es uno de los aspectos que menos se suele considerar. Cuando termina la emergencia, el edificio no vuelve automáticamente a su situación anterior. Una ocupación intensiva puede provocar un desgaste considerable de:
- Pavimentos.
- Vestuarios.
- Duchas.
- Grifería.
- Redes de saneamiento.
- Sistemas de climatización.
- Equipamiento deportivo.
- Puertas y cerramientos.
- Instalaciones eléctricas.
Por ello, cualquier acuerdo de utilización debería incorporar desde el primer momento un plan de restitución. Ese plan debería establecer quién asume:
- La limpieza extraordinaria.
- La desinfección.
- Las reparaciones.
- La reposición de equipamiento.
- Los consumos adicionales.
- Las posibles obras de adaptación.
- La inspección técnica final.
- Los costes derivados de la pérdida de actividad deportiva.
No es una cuestión menor. El uso temporal de un polideportivo puede afectar a clubes, escuelas deportivas, competiciones, trabajadores, concesionarios y usuarios durante meses.
La experiencia de Ceuta como advertencia
El conflicto de Ceuta pone de manifiesto que la utilización de instalaciones deportivas como recurso de emergencia no puede improvisarse cuando llega una crisis. La conclusión no tiene por qué ser que los polideportivos nunca puedan utilizarse para acoger temporalmente a población desplazada. Las experiencias internacionales contemplan esta posibilidad. Pero sí parece necesario establecer previamente cuándo, cómo, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones.
De hecho, ACNUR recomienda evaluar previamente el edificio, su seguridad, accesibilidad, servicios básicos, riesgos y capacidad de adaptación, y señala que los edificios públicos deberían utilizarse como alojamiento únicamente durante periodos cortos mientras se habilitan soluciones más apropiadas.
Del polideportivo de emergencia al plan de contingencia
Quizá la principal lección para los gestores deportivos sea que las instalaciones deportivas deben formar parte de los planes municipales de emergencia, pero no necesariamente como centros de acogida permanentes. Un ayuntamiento podría identificar previamente qué instalaciones podrían utilizarse excepcionalmente y cuáles deberían quedar excluidas por su importancia deportiva, sus características constructivas o su nivel de ocupación.
Ese protocolo debería contemplar:
Área Actuación necesaria
Edificio Evaluación estructural y funcional
Aforo Capacidad específica como alojamiento
Agua Comprobación de caudales y almacenamiento
ACS Capacidad de producción y consumo
Saneamiento Capacidad para ocupación extraordinaria
Climatización Adaptación a ocupación 24/7
Ventilación Control de calidad del aire
Incendios Revisión del plan de evacuación
Seguridad Control de accesos y circulación
Privacidad Sectorización y espacios diferenciados
Salud Zona de atención sanitaria
Personal Equipo específico de acogida
Mantenimiento Refuerzo de limpieza y reparaciones
Deporte Instalaciones alternativas para los usuarios
Fin de uso Plan de restitución y reparación
Una instalación deportiva también es un servicio público
El debate suscitado en Ceuta tiene una lectura especialmente relevante para el sector deportivo. Un pabellón municipal no es simplemente una superficie cubierta disponible. Detrás de él existe una red de escuelas deportivas, clubes, trabajadores, competiciones, familias y usuarios. En el caso ceutí, las entidades deportivas han advertido precisamente del impacto que tendría perder estas instalaciones sobre miles de deportistas.
Al mismo tiempo, una emergencia humanitaria exige disponer de espacios seguros y dignos para las personas que necesitan protección. Por eso, el verdadero desafío de la planificación municipal consiste en evitar que ambos derechos entren en conflicto cuando llega la emergencia. La solución pasa por disponer de alternativas previamente identificadas: naves adecuadas, edificios públicos en desuso, instalaciones modulares, alojamientos temporales o espacios específicamente preparados para emergencias.
Conclusión
La experiencia de Ceuta demuestra que improvisar la respuesta cuando la emergencia ya se ha producido puede convertir una cuestión inicialmente técnica (dónde alojar temporalmente a cientos o miles de personas) en un conflicto político, social y deportivo de enormes dimensiones. La lección para las instalaciones deportivas es clara: un polideportivo puede ser un recurso extraordinario de emergencia, pero solo si existe un plan extraordinario para utilizarlo. Y ese plan debe proteger tanto a las personas que necesitan acogida como al propio servicio deportivo que la instalación presta a la ciudadanía.

