Lecciones de la DANA: cómo proteger las instalaciones deportivas ante imprevistos
Por: Albert Tomás Sobrepera, director de Deportes de RibéSalat.
Los fenómenos meteorológicos extremos, como la reciente DANA en Valencia, resaltan la necesidad de una gestión preventiva en infraestructuras deportivas. Espacios como piscinas, pabellones y complejos al aire libre son vulnerables a daños estructurales y paralización de su actividad, lo que exige estrategias proactivas para garantizar su operatividad. Además, el impacto económico de estos eventos atmosféricos subraya la importancia de contar con seguros amplios que cubran desde daños físicos hasta pérdidas por interrupción de actividades. Coberturas como responsabilidad civil, accidentes y ciberriesgos complementan esta protección, mientras que el Consorcio de Compensación de Seguros actúa como aliado en casos de catástrofe. Gestionar instalaciones deportivas requiere planificación a largo plazo. Más allá de proteger infraestructuras, es fundamental salvaguardar espacios de bienestar comunitario, recordando que anticiparse al riesgo no es opcional, sino una responsabilidad imprescindible.
Los fenómenos meteorológicos extremos, como la DANA que ha afectado recientemente a Valencia y otras regiones de España, ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación y prevención. Estos eventos no solo generan deterioros inmediatos, sino que también revelan áreas de mejora en la gestión de nuestras infraestructuras.
En este contexto, las instalaciones deportivas son un espacio vulnerable debido a su exposición y la importancia de mantener su operatividad. Semanas atrás, piscinas municipales, pabellones polideportivos o complejos deportivos al aire libre, entre otros, sufrieron daños estructurales, deterioro de equipamientos y, en muchos casos, una paralización completa de su actividad. Más allá de las consecuencias visibles, estas situaciones invitan a reflexionar sobre la importancia de contar con estrategias proactivas que permitan enfrentar los retos climáticos de forma efectiva y con visión de futuro.
Es necesario pensar estratégicamente, anticiparse a los riesgos y diseñar planes de prevención que no solo protejan las infraestructuras, sino también la experiencia de los usuarios y la viabilidad económica del centro. A la izquierda, aviso frente a daños por posibles resbalones en la zona de piscina; a la derecha, salidas de emergencia
Medidas preventivas: más allá del día a día
Se ha demostrado que existe una necesidad que va más allá de la gestión operativa del día a día y que es necesario pensar estratégicamente, anticiparse a los riesgos y diseñar planes de prevención que no solo protejan las infraestructuras, sino también la experiencia de los usuarios y la viabilidad económica del centro. Un paso esencial es realizar evaluaciones regulares de los riesgos específicos que enfrenta cada instalación. Las ubicaciones en zonas proclives a inundaciones, por ejemplo, requieren sistemas de drenaje eficientes y una vigilancia constante de su funcionamiento. No es algo que se pueda dejar en manos de la casualidad.
Además de las medidas físicas, como mejorar los sistemas constructivos o implementar barreras frente al agua, es imprescindible contar con protocolos claros de actuación. ¿Sabemos cómo reaccionar? ¿Tenemos planes para evacuar rápidamente y garantizar la seguridad de los usuarios y el personal? En muchas ocasiones, la rapidez y la organización en la respuesta pueden marcar la diferencia no solo en los daños materiales, sino también en la percepción que los usuarios tienen de la instalación.
Otro aspecto clave que muchas veces se subestima es el impacto económico de un suceso inesperado. Más allá de los daños materiales, la paralización de la actividad puede tener también un alto impacto en las finanzas de una instalación deportiva. Cuando un polideportivo cierra sus puertas durante semanas o incluso meses, no solo pierde ingresos directos, sino que puede enfrentar una fuga de usuarios que se trasladan a otros centros. En este sentido, las herramientas financieras son fundamentales para amortiguar el golpe.
Por todo esto, contar con una póliza de seguro adecuada se convierte en una necesidad. Ya no se trata de tener lo básico cubierto, sino de estar preparados para lo inesperado y contar con la ayuda suficiente para afrontar cualquier posible siniestro con tranquilidad. En este sentido, contar con una póliza amplia, que cubra daños desde los edificios hasta el mobiliario y los equipos, garantiza que los costes de reparación y reposición no recaigan completamente en los gestores.

Además, incluir una cobertura por pérdida de beneficios es igual de crucial, especialmente si los ingresos de un centro deportivo dependen de alquileres, clases, eventos o servicios complementarios como cafeterías o tiendas. Esta cobertura actúa como un salvavidas en estos casos, ya que no solo compensa los ingresos perdidos durante el tiempo de cierre, sino que también puede ayudar a sufragar los costes adicionales necesarios para retomar la actividad, como campañas de comunicación para recuperar usuarios o alquiler de espacios alternativos. Un ejemplo claro sería el de un polideportivo que, tras sufrir daños en su sistema eléctrico por una tormenta, debe paralizar sus actividades durante varias semanas. Sin esta cobertura, los gestores tendrían que asumir íntegramente las pérdidas económicas derivadas del cierre, lo que podría comprometer su viabilidad a largo plazo.
Pero los riesgos asociados a una instalación deportiva no terminan aquí. La gestión de estos espacios implica una gran responsabilidad, y existen otros seguros que resultan imprescindibles para cubrir áreas clave. Entre ellos, el seguro de accidentes para usuarios es fundamental, no solo por una cuestión de cumplimiento legal, sino para garantizar que cualquier lesión sufrida durante la práctica deportiva sea atendida adecuadamente sin generar costes adicionales para el afectado.
Contar con una póliza de seguros amplia, que cubra daños desde los edificios hasta el mobiliario y los equipos, garantiza que los costes de reparación y reposición no recaigan completamente en los gestores de la instalación deportiva
La responsabilidad civil es otra cobertura esencial. Cualquier incidente que cause daños a terceros, ya sea un resbalón de un visitante o desperfectos en propiedades vecinas, puede derivar en reclamaciones económicas y daños a la reputación de la instalación. Por ello, disponer de un seguro de responsabilidad civil general es una garantía de tranquilidad para los gestores.
En el caso de los entrenadores y directivos, también existen riesgos asociados a sus decisiones y actividades. Desde errores en la planificación de una actividad hasta conflictos laborales, estas figuras están expuestas a posibles demandas que pueden tener un impacto económico y profesional significativo. Un seguro específico para entrenadores y directivos protege a estos profesionales frente a reclamaciones relacionadas con su labor.
La digitalización, que ha transformado la gestión de instalaciones deportivas en los últimos años, también ha traído nuevos desafíos. Los sistemas de gestión, los datos personales de los usuarios y los sistemas de pago online están en el punto de mira de los ciberataques. Un incidente de este tipo puede paralizar la actividad de una instalación y poner en riesgo la privacidad de los clientes. Aquí es donde entra en juego el seguro de ciberriesgos, que cubre tanto la restauración de los sistemas afectados como las posibles sanciones derivadas del incumplimiento normativo en materia de protección de datos.

Aliados clave para una gestión integral
Dada la complejidad y diversidad de riesgos, la elección de las pólizas adecuadas puede parecer un desafío. Sin embargo, contar con el asesoramiento de un bróker especializado en el ámbito deportivo simplifica este proceso. Este profesional no solo identifica los riesgos específicos de cada instalación, sino que diseña un plan de seguros a medida, optimizando la relación entre coste y cobertura.
Las necesidades de un estadio de fútbol, con sus eventos multitudinarios, son muy distintas de las de un gimnasio o una piscina municipal, donde la seguridad de los usuarios y el mantenimiento de las instalaciones son las prioridades principales. Un enfoque personalizado asegura que cada instalación cuenta con las protecciones necesarias para su caso concreto.
Las instalaciones deportivas son espacios donde las personas encuentran bienestar, conexión y superación personal. Cuando una instalación cierra o queda inutilizada, no solo se pierden ingresos, también se inhabilita un punto de encuentro y de relaciones
En este punto, cabe destacar un recurso que no siempre se valora lo suficiente: el Consorcio de Compensación de Seguros que, en situaciones de catástrofe, se convierte en un aliado indispensable. Este organismo público se encarga de indemnizar a los asegurados por daños ocasionados por fenómenos extraordinarios como terremotos, inundaciones o temporales. Siempre que la instalación deportiva disponga de una póliza activa que contemple daños materiales, el Consorcio puede cubrir aquellos riesgos que las aseguradoras tradicionales no asumen. Esto supone un respaldo fundamental en escenarios donde los costes de recuperación pueden ser inasumibles para muchas organizaciones.
La reciente DANA es un recordatorio claro de la importancia de estar bien asegurados, no solo para recibir una indemnización, sino también para facilitar y acelerar el proceso de recuperación. Sin embargo, los seguros no son la única solución. Los profesionales del sector deben adoptar una visión integral del riesgo. Esto implica revisar constantemente las coberturas, actualizar los planes de contingencia y aprender de cada experiencia. En las últimas semanas, probablemente han sido muchos quienes se han dado cuenta de las lagunas o debilidades que pueden tener estos planes. Este aprendizaje continuo es clave para estar mejor preparados en el futuro.

La importancia de la prevención ante un entorno cambiante
El cambio climático está intensificando estos riesgos. Fenómenos que antes sucedían de manera excepcional ahora son cada vez más frecuentes, lo que obliga a replantearse cómo gestionar las instalaciones deportivas. No se puede seguir confiando únicamente en la suerte o en que los desastres no volverán a ocurrir. La planificación y la prevención son, más que nunca, herramientas esenciales para garantizar la continuidad de la actividad deportiva.
Y es que, al final, no se trata solo de proteger infraestructuras. Las instalaciones deportivas son espacios donde las personas encuentran bienestar, conexión y superación personal. Protegerlas significa proteger el bienestar de nuestra comunidad. Cuando una piscina cierra o un polideportivo queda inutilizado, no solo se pierden ingresos, se pierde un punto de encuentro, un lugar donde niños y adultos construyen recuerdos y relaciones.
La gestión deportiva exige un equilibrio constante entre lo urgente y lo importante. Y aunque puede ser tentador centrarse únicamente en las necesidades inmediatas, los últimos acontecimientos recuerdan que pensar y prevenir a largo plazo no es opcional, es imprescindible.
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